viernes, 14 de junio de 2013

LA INVESTIGACIÓN EDUCATIVA: Un acto ético

Ana Luisa Morán

En términos legales, un hombre es
    culpable cuando viola los derechos de otros.
                                                                                       En ética, lo es sólo con que piense hacerlo."
Enmanuel Kant

Antes de iniciar con esta reflexión sobre la Ética en el campo de la investigación educativa, es necesario realizar algunas aclaraciones conceptuales sobre ella. Desde las primeras consultas en el diccionario, ya en su primera acepción, el término ética se define como  la parte de la Filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre, si se atendiese solo a esta definición, la Ética sería considerada como sinónimo de Filosofía moral, y por lo tanto una parte de la Filosofía encargada del estudio de conductas morales.

Por otra parte, las definiciones de ética están relacionadas con el conocimiento científico de la moral de los hombres; ambos términos, etimológicamente son sinónimos (éthos y mores significan "costumbres" en sus lenguas de origen: el griego y el latín respectivamente). Las costumbres se convierten en normas de convivencia social, que rigen el comportamiento moral de las personas. La moral, refleja y determina las cualidades y relaciones de los hombres de una comunidad o población, sus posibles estratos, su ideología, su justicia y creencias.

La concepción de ciencia remite, regularmente,  a un saber experimental riguroso y a una comunidad de científicos que validan los nuevos conocimientos;  no obstante, en un sentido más amplio se puede catalogar la ética como una ciencia fundamentada en las siguientes razones: su principal propósito es llegar a principios generales que regulen al comportamiento humano; en esto se diferencia de la moral, que se queda en el ámbito personal. Aspira a la racionalidad  y a la objetividad, aunque su objeto de estudio, el quehacer del hombre,  no sea lo más racional u objetivo. Proporciona conocimientos sistemáticos, metódicos  y hasta donde sea posible verificables, además se sustrae de situaciones particulares o fenómenos concretos al momento de estudiar la moral e intenta llegar a aquello que regula los fenómenos aislados.

El campo de la ética, señala Ojeda, M.  (2006) tiene delimitaciones muy claras, sin embargo todo se agrupa alrededor de la “conducta humana” La ética, según Bunge  (1998), es la aplicación de la teoría de los valores a la acción social. Titarenko (1989), la define como la esfera del conocimiento humano que estudia la moral.

En otras palabras, la ética nos concierne a todos,  en la medida en que todo el mundo se enfrenta con situaciones  que implican la toma de decisiones, es decir no está reservada a nadie, hace referencia a “todas las normas y prácticas morales que en el mundo se han manifestado”. Es en este sentido,  donde se dirigen estas letras,  a la concepción de la ética en el campo  de la investigación educativa.

Hoy, es por todos sabido que  el hombre necesita “formarse”, para ello amerita trabajar en su preparación científico-técnica acorde a las cada vez mayores exigencias de la sociedad, sin embargo, la realidad nos está diciendo que eso no basta, si no posee la responsabilidad y las convicciones necesarias para el empleo ético de las ciencias y la tecnología. Sin embargo, no es desconocido para nadie, la crisis de valores que nos ha tocado vivir, ella ha trascendido todos los espacios, por lo que es impostergable el desarrollo de una conciencia ética; solo de este modo  es posible ver la investigación y sobre todo la investigación  educativa  como un acto ético, en un binomio indisoluble.

Por otra parte, el valor social del conocimiento se ha venido acrecentando, al punto de que en la actualidad es ya un lugar común el afirmar que avanzamos hacia una “sociedad de conocimiento”  (UNESCO, 1998) que incorpora debidamente los productos de la ciencia al tejido social, fundamentalmente a través de la educación en sus diferentes niveles; en el devenir histórico, luego de consolidarse el método científico, las instituciones en las cuales se desarrolló de modo más efectivo la búsqueda del conocimiento científico fueron las universidades, cuya autonomía fue respetada por el estado.  A mediados del siglo XX con el desarrollo de la sociedad industrial, surgió un nuevo propietario del conocimiento científico: la empresa.

Dicho de otro modo, gran parte de las investigaciones ya no se hace en las universidades, sujeta al código ético de una institución de servicio público, sino que se genera en las propias empresas, no obstante,  la vinculación entre empresa y universidad abre nuevas fronteras, y hoy vemos como al breve entorno del cubículo o laboratorio universitario ha sucedido el gran instituto; este cambio en el modo de producir el conocimiento incide en los valores y principios y se transforman en un reto para la ética.

Aluja (2004) señala que la búsqueda del conocimiento es inherente a la naturaleza humana y debe ser normada al igual que el resto de las manifestaciones de nuestro comportamiento, solo que en el caso de la ciencia, la exigencia de probidad ha sido particularmente estricta. Explica,  además, que en una sociedad capitalista como la nuestra, esta búsqueda adquiere dos vertientes, por una parte como un bien del espíritu, y por otra como producto comercial.

En el caso que nos ocupa, como es la investigación educativa implica que el científico es, además de creador intelectual, maestro, con una responsabilidad conmensurable mediante la observancia de códigos de comportamiento que son propios de la ciencia, pero acordes con los valores que rigen en su entorno social, en este caso estaríamos hablando de una ética científica.


Por otra parte, la ética normativa establece el código moral para la conducta, las actitudes admirables y las reprochables en cada contexto social. La teoría de la moral, por su parte, investiga la esencia de la moral, su origen y desarrollo, las leyes que rigen sus normas en el devenir histórico y social. Así vemos como han aparecido diferentes concepciones de ética, vinculadas a las diferentes esferas de actuación profesional;  se pueden  mencionar la ética médica, la ética pedagógica y otras entre las que aparece la ética científica. (Código sobre la ética                                                                                1998)

 La ética científica ha ocupado la atención en los últimos años, tanto por los científicos, como por los filósofos que estudian las regularidades de la ciencia. Laudan (1984), describe los problemas éticos de la investigación científica, y aunque centra su trabajo en los valores cognitivos, reconoce la existencia de valores éticos en la ciencia: "los valores éticos están siempre  presentes en las decisiones de los científicos" El nuevo criterio se enfrentó a los que abogan por una ciencia libre de valores, una ciencia neutral. Weber citado por González, W. (1999).

Hoy en día, transcurrida ya más de una década del siglo XXI, a pesar de los avances de la investigación educativa, desde su establecimiento más formal no se vislumbra una mejoría en la sociedad, ¿Cuáles son las causas de que la calidad de la educación no mejore? muchos autores se han referido entonces  a la ética puesto que el problema está en que el problema de “conocer”  está desvinculado del proceso de construcción del “bien humano”. Lonergan (1998) que es la tarea moral de la humanidad a la que dedica su reflexión la Ética.

Concebir la investigación educativa como un acto ético, es considerar la estrecha vinculación de la construcción del conocimiento, que es la tarea de la investigación, con  la dimensión ética que conlleva a la pregunta por la buena vida humana, la humanización individual y colectiva. De este modo, resulta inevitable afirmar, de acuerdo con Lonergan (1998) la necesidad de unir al conocimiento que produce la investigación con el compromiso vital y existencial del investigador y de la investigación misma en lo personal y lo colectivo.

En este cambio de perspectiva, que nos lleva a superar la concepción de que el conocimiento es un proceso que termina con la generación de ideas claras y distintas sobre las cosas que están fuera  y asumir plenamente, desde nuestra propia experiencia como sujetos cognoscentes, que el conocimiento conlleva un compromiso ético para quien lo afirma, es decir que todo conocimiento generado por un investigador  implica un compromiso ético con el conocimiento mismo y  con la Educación.

De acuerdo con López  M. (2011) este compromiso ético, inseparable del proceso de conocimiento puede derivarse del análisis de la tarea del investigador educativo  desde la perspectiva de las profesiones y de la ética profesional, dado que la definición misma de profesión, Cortina A. (2000) “la profesión es una actividad social cooperativa, cuya meta interna consiste en proporcionar a la sociedad un bien específico e indispensable para su supervivencia como sociedad humana, para lo cual se precisa el concurso de la comunidad de profesionales que como tales se identifican ante la sociedad”  se encuentra el rasgo de cooperación y de proporcionar un bien a la sociedad.

Dicho de otra manera, existe una relación intrínseca entre el ser de la profesión y el compromiso ético entendido de manera personal, se hace énfasis también en el establecimiento de códigos deontológicos o normas de comportamiento profesional, sin embargo este compromiso debe ir más allá. En palabras de Morín
(2005) “Toda mirada sobre la ética debe percibir que un acto moral es un acto individual de religación con una sociedad, y en el límite, religación con la especie humana”.

De modo que cuando hablamos de la imposible separación entre construcción de conocimiento desde la investigación y acto ético con  la construcción del bien humano a través de la Educación, hablamos desde la dimensión compleja de la ética, de una ética planetaria, que como plantea Morín (2005) tiene que ser simultáneamente una autoética, una socioética, una antropoética, es decir una ética que concilie los deberes egocéntricos, genocéntricos, sociocéntrico y antropocéntrico. Una ética compleja que se inserte en la complejidad humana es una tarea que deben plantearse  los investigadores educativos, pero sobre todo quienes se dedican a la formación de nuevos investigadores.

En conclusión, los valores  representan un  rol central en la investigación educativa y ese cometido no es arbitrario, sino inherente a su propia estructura de búsqueda racional  de comprensión y acomodación al mundo natural que constituye la búsqueda del saber. Al contrario, se impone la necesidad de incluir no solo una axiología enfocada en los valores epistémicos y metodológicos, sino también en  los valores éticos, sociales, estéticos y ecológicos.

Concienciar el sentido axiológico de la actividad científica debe ser parte de la formación y educación de los futuros hombres de ciencia  generar conciencia de un problema que atañe a todos y que por sabido se calla,  generar mecanismos que coadyuven al afianzamiento de una cultura de la integridad en nuestra comunidad científica orientados más allá de un código deontológico que parta de nuestra realidad,  implica desde su constitución una relación horizontal –ética-ciencia-investigación-investigador ético, a partir de unos principios inalienables.

Referencias bibliográficas

ALUJA, M. y BIRKE. A. (2004) El papel de la ética en la investigación científica y la
              Educación superior. México: FCE, Academia Mexicana de Ciencias.

BUNGE, M (1972) Ética y Ciencia. Buenos Aires: Siglo XXI

GONZÁLEZ, W. (1999)  Ciencia y valores éticos: De la posibilidad de la Ética de la
               Ciencia al problema de la valoración ética de la ciencia básica. En: Arbor v 157
               CLXII N° 638. Febrero

LAUDAN, l. (1984)  Sciencie  and values. Berkeley: Universidad de California

LONERGAN,  B. (1999) Insight. Estudio sobre la comprensión humana. Salamanca:
              Editorial: Sígueme Universidad Iberoamericana

MARTÍNEZ, W. y MEJÍAS, B. (2011). ¿Por qué la investigación debe ser un acto ético? Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez”.
MORIN, E. (2001) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Buenos
               Aires: Editorial Nueva Visión.

SAÑUDO, L. (2006).Ética de la investigación Educativa. I Congreso Latinoamericano
              De Ciencia y Tecnología, Sociedad e Innovación.

TAMAYO, M. (2009)  El proceso de la Investigación Científica. México: Limusa.

UNESCO (1998) Conferencia Mundial, París.

VILLORO, L. (2000) Los linderos de la ética. México: Siglo XXI.

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