martes, 18 de junio de 2013

LA FUNCIÓN INVESTIGATIVA, ACTO ÉTICO DEL PROFESOR UNIVERSITARIO Y SU RELACIÓN CON LA PROBLEMÁTICA DEL ENTORNO

MSc. Nestor Reinozo Esp.

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL: “RAFAEL MARIA BARALT”
PROGRAMA DE DOCTORADO EN EDUCACION
FACILITADORA: DRA. MARLENE VERA DE PINTO






                                                                                         

LA FUNCIÓN INVESTIGATIVA,   ACTO ÉTICO  DEL PROFESOR
UNIVERSITARIO Y SU RELACIÓN CON LA PROBLEMÁTICA DEL ENTORNO









Presentado por Néstor Reinozo

nestorreinozo@gmail.com








MARACAIBO, JUNIO 2013




Castellano, Pablo: "Para saber si alguien tiene ética, no hay que preguntarle por su carné, sino por su comportamiento."


  LA FUNCIÓN INVESTIGATIVA,   ACTO ÉTICO  DEL PROFESOR    
UNIVERSITARIO Y SU RELACIÓN CON LA PROBLEMÁTICA DEL ENTORNO


En el quehacer de la universidad del siglo XXI, se puede destacar que las universidades venezolanas tienen la necesidad de enfrentar nuevos retos, donde la formación del recurso humano tiene que estar acorde con los requerimientos de la realidad, el sector educativo está exigiéndole a las universidades, respuestas acertadas e inmediatas  a fin de producir resultados, propuestas o proyectos en el área de la investigación educativa, que permitan mejorar el ejercicio de esta profesión. Con  ello la implementación de políticas educativas orientadas a una redefinición continua de la función del docente, que le dé un verdadero sentido al perfil profesional de los docentes educativos para el logro de una formación integral.
Ante la globalización del conocimiento, la sociedad actual exige del hombre una constante evolución intelectual y tecnológica, que garantice el mejoramiento del nivel de competencia. Esto implica, un sistema educativo coherente e íntegro, que ofrezca los medios adecuados para responder a las expectativas educativas y culturales de cada individuo, de acuerdo con sus capacidades. Por ello, las universidades tienen la necesidad de innovar estrategias de enseñanza que permitan un mejor aprovechamiento de las experiencias de aprendizaje.
Bajo este marco de referencia, surge la inquietud de realizar el presente ensayo, el cual tiene como objeto de estudio la  función investigativa del docente, acto ético en su rol de investigador y su relación con la problemática del entorno y su relación permanente con la construcción del conocimiento El docente investigador como creador de conocimiento es actor principal, de él depende la formación del espíritu crítico y reflexivo de los profesionales que han de contribuir a la transformación de la sociedad. . modificando su praxis pedagógica en el proceso enseñanza aprendizaje, para dar respuesta eficaz a las tendencias de la educación universitaria.
 Es una reflexión sobre la responsabilidad social de la universidad en un mundo de constante incertidumbre. No obstante, algunos investigadores coinciden que la función del profesor universitario ha estado expuesta a frecuentes críticas, por ser un proceso basado en el docente, en la transmisión de información y la reproducción del conocimiento; ello ha redundado en la formación de estudiantes faltos del sentido de la censura y poco científico, sin motivación hacia la investigación. Sin embargo, se han hecho esfuerzos para hacer un nuevo emplazamiento de la docencia hacia modelos más participativos.
Según Ruiz (1992), la falta de un programa para capacitar investigadores que se integre como parte sustantiva de la actividad académica de las instituciones de educación universitaria, refleja el divorcio existente  entre la docencia y la investigación, así como la reproducción de los esquemas tradicionales del proceso de enseñanza y aprendizaje. En tales circunstancias la docencia se lleva a cabo como una transmisión mecánica de las verdades científicas que no requieren someterse a discusión, convirtiendo  el estudiante en un ser pasivo y receptivo, mientras que el docente se convierte  en la autoridad debido a sus conocimientos y experiencia, correspondiéndole la parte activa del aprendizaje.
 Así, el estudiante repite lo que aprende sin una reflexión pues se queda con la información obtenida como algo dado, incuestionable. No participa en la construcción del conocimiento. Este tipo de práctica docente que prevalece en la gran mayoría de las instituciones educativas de América Latina, limita o impide la investigación. Es una práctica muerta que se resiste a ser enterrada, este tipo de enseñanza no motiva al estudiante para plantear problemas que desencadenen procesos de investigación. El aula se convierte en un espacio para desalentar la participación; con ello muchos docentes evitan el conflicto, la discusión y por ende, el cambio.
 Por esta razón, los centros universitarios están llamados a ser los responsables directos de preparar académicamente el personal que demanda la sociedad, Ante esta situación, es un desafío para la universidad  como centro de investigación, la ardua tarea de integrar, apropiar y producir conocimientos que proyecten su acción social, validen sus procesos de enseñanza y con ello  el mejoramiento de la calidad del estamento profesoral universitario, reconociendo sus actuales condiciones y características.

En consecuencia, es urgente, abogar por la sana interacción entre profesores e investigadores, o mejor por un alto desempeño del docente investigador, fortaleciendo espacios para la reflexión que conduzca a su formación pedagógica e investigativa, en procura de una educación de calidad, entendida como aquella que resulta de la articulación entre todos los estamentos comprometidos con el sistema educativo, y que a su vez cumple con las expectativas generadas por la estructura social. Por ello, se hace necesario vincular la docencia a la investigación  conforme a las prioridades de la sociedad y del Estado.
En la actualidad, la política rectora del sector universitario venezolano se ha perfilado hacia la formación de profesionales eficientes que requiere el sector productivo (Miquilena, 1994). Por ello, hay que destacar que la base fundamental de este subsistema la conforma la actuación del profesor universitario.
 De allí la relevancia que tiene la investigación: pilar fundamental en la consecución de nuevos conocimientos, pues desempeña un rol importante: gestora de pensamiento y creadora de saberes en el quehacer docente, aportando al profesor universitario ideas, elementos y nuevas estrategias para mejorar la calidad de la enseñanza; así mismo, facilitando una mayor comprensión de los factores históricos, sociales, culturales y económicos que intervienen en los procesos educativos.
Este nuevo concepto trae consigo la incorporación de un nuevo perfil en la formación del docente que lo define no sólo como transmisor sino también productor de conocimientos y ejecutor de acciones de innovación.  Así pues, la investigación se hace hurgando tanto en el pasado como en el futuro, sin embargo, resulta preciso insistir sobre la necesidad de enseñar, no sólo “cómo se maneja la máquina”, sino “cómo se construye”, pues no se puede construir sin echar una mirada al reino de los fines, así como al de las causas.
Ahora bien, aun cuando pueda parecer una paradoja, el fin se encuentra en el principio de las cosas. No se llega a un resultado, sin saber a dónde se va, la finalidad domina la causalidad. La desvalorización del fin, que hace estragos desgraciadamente en la moderna ciencia del aprendizaje, es uno de los pecados más graves que un profesor puede cometer, pues la docencia universitaria, amerita no sólo la sensibilidad para interpretar las carencias y las potencialidades individuales del estudiante, sino una actitud ética científica, crítica, reflexiva y creativa para afrontarlas, siempre con modestia intelectual, pues su norte, no debe ser otro a establecer con el discente, una relación científica, una comunicación entre saberes y experiencias, en pro de los intereses de la comunidad.
En consecuencia, es urgente, abogar por la sana interacción entre profesores e investigadores, o mejor por un alto desempeño del docente investigador, fortaleciendo espacios para la reflexión que conduzca a su formación pedagógica e investigativa, en procura de una educación de calidad, entendida como aquella que resulta de la articulación entre todos los estamentos comprometidos con el sistema educativo, y que a su vez cumple con las expectativas generadas por la estructura social. Por ello, se hace necesario vincular la docencia a la investigación  conforme a las prioridades de la sociedad y del Estado.
Lo antes planteado, conlleva a reflexionar sobre la actuación ética del docente universitario en la resolución de problemas de nuestro entorno social el educador, tiene la obligación de ser a su vez un investigador, razón por la cual, no debe bastarle con saber la ciencia o el arte en que doctrina, sino que, como guía de pensamiento justo y verdadero, debe tener una expresión, iluminada por la llama de la ética que surge del reconocimiento sereno y honrado de sí mismo y la trascendental labor que desempeña mediante la práctica de la función investigativa en la transformación del mundo caracterizado por la tendencias globalizantes.
Sin duda, donde no hay recato y nobleza de principios, no existe enseñanza saludable y auténtica, puesto que a la opinión del docente, le faltaría aquello que la hace verdaderamente valiosa: una bien intencionada voluntad, por lo tanto, el verdadero desarrollo, que siempre será en niveles educativos, debe llevar al formador universitario, orientado en el camino de su historia y de su cultura. Ahora bien, los investigadores, las instituciones y, de hecho, la sociedad están obligados a garantizar los principios fundamentales y universales de la ética de la investigación; estos deben cumplirse cada vez que se realiza una investigación con seres humanos: respeto por las personas, beneficencia y justicia.
Para Rogers. (citado en Naranjos., 1992) señala   en la  concepción humanista… la enseñanza debe girar en torno a la persona y depende fundamentalmente de las actitudes del maestro  y de los métodos o técnicas utilizadas, descubriendo, obteniendo y colocando a la inmediata  disposición los recursos que respondan a las necesidades de los estudiantes, el docente investigador debe ser indeterminista, un poeta hacedor que proporcione herramientas necesarias en su rol como investigador.
 Así, los grandes desafíos planteados por Morín (1999) se convierten en dispositivos fundamentales de un proceso de transformación y reafirmación universitaria. Este autor comienza por señalar la existencia de “una falta de adecuación cada vez más amplia, profunda y grave entre nuestros saberes disociados, parcelados, compartimentados entre disciplinas y,  por otra parte, realidades o problemas cada vez más pluridisciplinarios, transversales, globales, planetarios”
Desde esta perspectiva en los procesos de enseñar y aprender siempre surgirán preguntas que exigirán respuestas, por eso requiere actitud investigativa. Según Posada (2004), esta debe ser concebida como una manera vivencial y práctica de conocer, que motiva la capacidad de duda, búsqueda,  reflexión permanente y sistemática a través de la pregunta en torno a múltiples fenómenos, donde cobran relevancia los contenidos que se aprenden. Se infiere entonces, que es necesaria la integración de conocimientos desde la interdisciplinariedad, generando aprendizajes aplicables a situaciones complejas, provocando la autonomía personal del estudiante.
 Según  Jaspers (1946), el docente investigador pone al estudiante en contacto directo con el propio proceso del conocimiento, y es ese el contacto con el que se contempla la ciencia originariamente. El docente que investiga, enseña desde su propia experiencia de conocer, él tiene la práctica originaria y secuencial del desarrollo del saber y orienta la formación del espíritu científico e innovador de sus discípulos, es un intelectual critico-reflexivo, empeñado en transformar su propia realidad. Integra la persona, el ciudadano y el profesional, protagonista comprometido con el mundo de la vida.

Para concluir, es así como podemos reafirmar el compromiso efectivo del hombre y  su actitud ética que lo conduce hacia su auténtica realización de lo que es y debe serla función investigativa como profesional, como docente investigador, esto implica la necesidad de conocer quién es el como un ser individual. Un ser caracterizado por perseguir su objeto de conocimiento bajo sus propios riesgos, trabajando sin horario y sin que se advierta, asume responsabilidades que lo revisten de autoridad en lo que hace, fomentando en el estudiante el pensamiento creativo y crítico, orientándolo en el planteamiento de problemas y búsqueda de soluciones. La ética requiere de la reflexión y de la argumentación, es allí donde se relaciona con la investigación educativa.
 Una doctrina ética elabora y verifica afirmaciones o juicios determinados. La investigación educativa es un conjunto de acciones sistemáticas con objetivos propios, que apoyados en un marco teórico o  referencial, en un esquema de trabajo y con una perspectiva definida, interpretan o actúan sobre la realidad educativa, organizando nuevos conocimientos, teorías, métodos, medios, sistemas, modelos, patrones de conducta y procedimientos educativos o modificando los existentes.
 La ética es el compromiso que se adquiere con uno mismo de ser siempre más persona”, la ética se refiere a una decisión interna y libre que no representa una simple aceptación de lo que otros piensan, dicen y hacen. Para ello el investigador debe  actuar de manera responsable  en el ejercicio de su profesión, no basta con el establecimiento de códigos y normas, sino que su actuación este basada en valores éticos-morales, comprendiendo además las implicaciones de sus actuaciones, en cuanto al impacto positivo o negativo de las mismas.
El docente investigador tiene  como responsabilidad exponer en forma escrita y oral los resultados de su quehacer científico, saber elaborar artículos y libros a fin de difundir su labor científica, capaz de exponer ante cualquier tipo de público sus trabajos de investigación para someterlos a la crítica y contribuir así a que otras personas participen en la construcción del conocimiento mediante la presentación de sus experiencias, dudas e inquietudes como docente investigador.
De esta forma, y  mediante la función investigativa las universidades pueden reforzar sus potencialidades, pero se hace urgente que el docente en su rol de investigador  intervenga y se comprometa de manera reflexiva y critica en el  proceso de transformación histórica y social, dando respuesta a una problemática social de su entorno,  permitiéndole al profesor universitario, en su papel de mediador entre el estudiante y la ciencia, conducir al conocimiento, a través de un enfoque, que invite a pensar, para que el discente, con una actitud crítica, sea capaz de transformar la situación actual, estableciendo las pautas a seguir para la consecución del fin propuesto, haciendo efectiva la doble comprensión del proceso científico, que no es más que la producción del saber y su aplicación.
Finalmente, es urgente incorporar la investigación a la práctica docente, la docencia se concibe como una práctica que alienta la investigación y esta, a su vez, se recrea y supera en el quehacer docente. Sin duda, una institución trasciende cuando incorpora a su proyecto académico actividades de investigación como un elemento esencial para impulsar la superación del trabajo intelectual. De esta forma la investigación contribuye para que la docencia se vuelva una actividad desafiante, cuestionadora y, por ello, realmente trascendental.

Referentes  Bibliográficos

Hurtado, J (2000). Retos y alternativas en la formación de investigadores. Editorial SIPAL. Venezuela. Instituto para la investigación educativa y el desarrollo pedagógico. (2001). Educación en ética y valores. Editorial Delfin LTDA. Colombia

 Jaspers, K. (1946).La idea de la universidad. Traducción Agustina Schroeder.   En: La idea de la universidad en Alemania. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Martin, Víctor  (2001). La ética en la gestión pública. Ponencia presentada en el VI Congreso Internacional del CLAD. Buenos Aires Argentina.

Miquilena Piña, L. (2002). Función investigativa del personal académico de las universidades públicas zulianas. Caracas: Universidad Nacional Abierta.

Morín, Edgard. (2001) “LOS Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro”. Ediciones Paidos.  Ibérica. Barcelona.

Naranjos, S. (1992). Bases Filosóficas, Políticas y Educativas para un Análisis Crítico de  la Educación Superior. Caracas, Venezuela. Editorial Tropykos.

Posada, R. (2004). Formación superior basada en competencias, interdisciplinariedad y trabajo autónomo del estudiante. Revista Iberoamericana de Educación. ISSN 1681-5653).Principal OEI. Extraído el 24 de febrero de 2009 de www.campus-oie.org/revista/deloslectores/

Ruiz del Castillo, Amparo, Crisis, educación y poder en México. Edit.Plaza y Valdés, México, 1992.
 



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